Quince
No hay acto de amor como verla cepillarse el pelo frente al espejo. Ni acto de conocimiento como estudiar. Ni hecho del cuerpo como correr.
Por eso el poeta no consuma el amor, ni llega a presentarse al último examen, ni recorre los diez últimos metros que le faltan para la meta.
Sin satisfacer a nadie, incumpliéndolos, les envuelve en palabras el regalo inmenso del deseo.






