
- ¿Qué haces, levantado a estas horas?
La voz es la voz de ella.
Pero el rostro que surge de entre los cobertores es mi rostro.
Mi misma cara que me mira con ojos de ceniza.
Y el inconfundible, característico gesto del insano hasta en lo bordes relajados de la boca.
De ceniza es la penumbra del cuarto.
Callo.
Hablarle sería como hablar conmigo mismo.
Y desde esta noche sé que he perdido las respuestas.
Alfredo Armas Alfonso
(Los cielos de la muerte, 1949)







