
Por Caracas dura y desnuda
y sus alturas matorrales
anduve, loco de vivir,
ahito de luz, atropellado
por la salud de Venezuela.
Enarbolada por la luz
entre los verdes masteleros
recorre la estatua yacente
una burbuja de petróleo
que concurre por las arterias
al corazón electoral.
Yo soy el bardo que cantó
la trinitaria afirmación
de sus pájaros encendidos,
porque no hay canto que no canten
los frenéticos cantarines
y no hay fulgor que no inauguren
los voladores venezuelos.
Pablo Neruda (Fin de mundo, 1969)
y sus alturas matorrales
anduve, loco de vivir,
ahito de luz, atropellado
por la salud de Venezuela.
Enarbolada por la luz
entre los verdes masteleros
recorre la estatua yacente
una burbuja de petróleo
que concurre por las arterias
al corazón electoral.
Yo soy el bardo que cantó
la trinitaria afirmación
de sus pájaros encendidos,
porque no hay canto que no canten
los frenéticos cantarines
y no hay fulgor que no inauguren
los voladores venezuelos.
Pablo Neruda (Fin de mundo, 1969)







