cinco
La poesía entra en el sueño
como un buzo en un lago
Roberto Bolaño
En un cielo azul muy limpio hay niños vestidos de marinerito suspendidos cada uno de un globo de color. Estáticos como en un cuadro de Magritte sin malas intenciones.
Si prestas atención, ves que descienden lentamente, asumidos en la luz nueva.
Más abajo, el aire oscurece la lucha que se sugiere. Al suelo llegan como retratos de Saura con malas intenciones. Se deshacen. Dejan una pasta grisácea que nos llega a los tobillos. Es duro moverse, respirar, en ese engrudo de la vida gris. De todos los días. Luchando cada paso con los restos de antes, que se reclaman sustrato permanente. Cavamos un agujero cuando movernos es ya imposible. Aparecemos del otro lado como marineritos colgados de un globo. La luz es suave y no nos damos cuenta de que caemos.
El que se niega a abrir otro agujero envejece al instante. A veces se muere.
























